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La Tragedia De La Puerta 12
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La Tragedia De La Puerta 12
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Aquella tarde de domingo, River y Boca , se enfrentaban una vez más en el estadio Monumental de Nuñez. El partido fue emocionante, pero no hubo goles. El clásico fue seguido por noventa mil espectadores y hasta el final parecía tratarse de un encuentro más entre los legendarios adversarios.
Pero cuando el cotejó terminó, la hinchada de Boca que había ocupado la tribuna popular alta entabló una batalla con la policía .El público comenzó a retirarse pero los que salían por la puerta 12, se encontraron repentinamente en medio de una aglomeración que resultó fatal. Quienes habían llegado primero a la puerta intentaban retroceder y los que venían atrás, bajando las escaleras, empujaban formando una trampa mortal.
Las causas de la tragedia nunca se aclararon del todo. Se afirma que los molinetes ubicados en la puerta 12, que debían haber sido retirados durante el segundo tiempo, estaban colocados al final del partido. Otras versiones indicaron que las puertas telescópicas (plegadizas tipo tijera) estaban cerradas. Y además, muchos espectadores coincidieron en señalar que una formación de la Policía Montada esperaba en la puerta a la hinchada de Boca, y que su presencia asustó a la gente. Lo cierto es que las investigaciones llegaron a un punto muerto y nunca se procesó a nadie.....
River debió indemnizar a las familias de las víctimas y desde entonces se quitó la numeración 12 del ingreso a la cancha. ( Télam) 
El Movimiento "Mujeres de River" realizó un emotivo homenaje a las 71 personas que fallecieron en la Puerta 12 del Estadio Monumental luego de un partido entre River y Boca. El 23 de junio de 1968 es recordado como la fecha en la que se produjo la catástrofe más grande del fútbol argentino.
La actual Puerta L que se encuentra al costado del local RiverManía, sobre la avenida Figueroa Alcorta, lucirá una placa que recordará una de las tragedias más grandes del fútbol argentino. Dicha plaqueta tendrá la siguiente inscripción: "En memoria de las 71 victimas de la tragedia de la Puerta12 -23 de junio de 1968-".
Esta destacable iniciativa fue propuesta por el Movimiento "Mujeres de River" que preside la Licenciada Graciela Codas y que tiene como función la defensa de los derechos e intereses de las mujeres, tanto en el deporte como en el club.
"Pensaban que yo había muerto"
Juan Carlos Alomo fue uno de los sobrevivientes de la tragedia que ocurrió el 23 de junio de 1968. Su relato fue tan brutal como la avalancha que produjo la muerte, por asfixia y golpes, de 71 personas: "Pensaban que yo había muerto y me escribieron el número 19 en mi pecho, como si ya fuera finado. Recién en el hospital Pirovano se dieron cuenta de que todavía respiraba. Tenía los ojos morcilla y la piel carbón. Me estalló un oído y casi pierdo la vista. Me habían dado por muerto. Sólo recuerdo hasta que terminó el partido y me metí en la escalera de la Puerta 12. Después no me acuerdo de nada más, pero mi esposa vio en un video que los molinetes estaban puestos y que la Policía pegaba. Me salvé porque tengo una caja torácica grande".
A fines del 68 los clubes y la AFA reunieron 32 millones de pesos (menos de 100.000 dólares) para ofrecerlos a los familiares como resarcimiento. En enero del 69 dispusieron darles 30 días de plazo a los damnificados para que se anotaran para cobrar el resarcimiento, pero en la misma nota el interventor Armando Ramos Ruiz intimaba a quienes querían cobrar esa suma para "renunciar expresamente a cualquier acción legal contra River" para exigir indemnizaciones. Dos años después, la AFA y River fueron condenados a pagarles 140.000 pesos ley (14.000.000 moneda nacional) a Nélida Oneto de Gianolli y Diógenes Zúgaro, familiares de víctimas en la tragedia. Pero el resto jamás reclamó ni cobró un solo peso. (Diario Clarín, 27 de junio de 2000)
Las causas del hecho nunca fueron esclarecidas y la justicia nunca encontró culpables. Distintos sobrevivientes hablan de la inoperancia de los empleados del club al tener la puerta cerrada mientras que otros acusan que lo ocurrido fue por culpa de la brutal represión policial que produjo que muchos simpatizantes tuvieran volver a entrar. 
"Cuidado! Que las paredes oyen" Cuántas veces escuchaste esta frase, miles. Pero...¿Cuántas veces escuchaste a las paredes?
Ellas están presentes siempre en algún acontecimiento de tu vida. Acompañaron, como mudos testigos, los momentos de mayor gloria o penuria. Aquellos en los que sentías "tocar el cielo con la mano" o en los que querías que la "tierra te tragara". Si "compartiste" tantas cosas con las paredes de tu cuarto, tu apartamento, o la oficina dónde trabajas... ¿Cuánto de vos saben, entonces, las paredes del estadio de tu club favorito?.
Testigos de una tragedia
Dicen por ahí que el Diablo juega a la ruleta con el globo terráqueo y que cuando se cansa de girarlo detiene su marcha frenándolo con un dedo. Esa tarde del 23 de junio de 1968 el Diablo detuvo el globo y su índice se clavo en la ciudad de Bs.As. , más precisamente en la cancha de River Plate. El otoñal domingo deparaba en el Estadio Vespucio Libertti el Súper-Clásico argentino. Un River que ya penaba cuatro años sin títulos recibía la visita de un Boca Juniors que no era una tromba pero disfrutaba de un presente más alentador que el de sus "primos". Los minutos se expiraron y el marcador no se abrió, el 0-0 despertó el enojo de los hinchas locales y el disfrute de los visitantes, que como de costumbre empezaron a retirarse no bien terminado el encuentro mientras, los de River debían esperar al menos 30 minutos.
El infierno tan temido
Las versiones se cruzan pero lo cierto es que el horror se produjo. Algunos aseguran que por el enojo del empate parte de la barra-brava de River salió antes del estadio y se dirigió hacia la puerta Nº 12, sector de ingreso y egreso de los visitantes, para cerrarla. Otros aseguran que la puerta siempre estuvo abierta solo que en ese momento se trabo. Están quienes dicen que los molinetes fueron la trampa mortal, y quienes sostienen que en esa puerta no había molinete alguno. Lo cierto, lo real, lo concreto es que aquella tarde la Puerta 12 fue una trampa mortal. Extasiados los hinchas visitantes se retiraban en medio de cánticos, y tantos gritos, y tanta euforia impidió a los más retrasados escuchar los alaridos de los pioneros en emprender la retirada que se encontraban aprisionados entre el portón y los molinetes. En poco tiempo aquel aglutinamiento se convirtió en una montaña de gente aplastada, pisada. El piso se tiño de rojo, un lago de sangre se escurría entre los pies de aquellos que se encontraban en medio de esta pesadilla y que buscaban, ahora, desesperadamente la dirección contraria. Los molinetes fueron la trampa para que ante aquella puerta cerrada se fueran 71 vidas.
El mito de "la Puerta 12"
Hoy cerca de aquella salida esta la concentración del equipo local. Y no existe jugador de River que no le haya comentado a sus íntimos que se escuchan por los pasillos, gritos como lamentos, alaridos desesperados, sombras que corren de un lado a otro, y alguna que otra puerta es tocada por alguien que al abrirla nunca es encontrado. Tan cierto es esto, como la "Ceremonia de Bautismo" a la que son sometidos los jóvenes de inferiores que viven en la pensión del club.
Ellos todos los 23 de junio son llevados en grupo y junto a un sacerdote para practicar un exorcismo en la Puerta 12, los jóvenes deben portar unas velas blancas y "prestar" su energía para que mediante una misa el sacerdote pueda ir expulsando poco a poco las almas de aquellos que murieron en el Monumental. Y que según la leyenda popular dejaron sus almas penando en las paredes del estadio.
Es que las paredes oyen y quién sabe oír también sabe hablar
Pablo Ivan
"NI UNA PLACA EN SU RECUERDO"
Por Mónica Nizzardo especial para Villa Crespo Digital
“Te damos la plata, firmá acá y renuncias a toda posibilidad de reclamar a River y a la AFA"
Victimas en el hospital sin, casi, entender el por qué, firmaban...
Así se fue construyendo ese enorme silencio y confundiéndose asonantes con consonantes
molinetes con caballos y machetes,
y el portón? y el candado? y la llave?
Pucha!, que somos genios los argentinos jugando al gran bonete…
Almas que fueron parte del movimiento,
del espacio, del tiempo…
Almas que fueron cuerpos
y también parte de ese 0 a 0
Almas que merecen impregnarse en la memoria
y no tienen, Puta! ni una placa en su recuerdo.
Todo devino como si Dios hubiera dicho:
“No quiero penas ni lagrimas… solo corrupción,
como música: “ecos de violencia”
y cuerpos curiosos explorando los mayores estados de vivacidad a través de la injusticia.
¡Qué nunca, nadie sepa la verdad!”
La poesía me salva de la locura, pero no legisla…
no decreta
me permito revolcarme entre las palabras,
palparlas en el vacío hasta hacerlas canción...
quisiera incrustarlas como vidrios en la piel y sentidos
de aquellos que aun no se entendieron con la sensibilidad…
evocando el asesinato de la verdad
vomito, me acurruco en un papel
me reduzco hasta la palabra mierda,
en su sentido más metafórico para igualarme,
pero ni aún así puedo comprenderlo.
Hay cosas en la vida que no se escriben…
ni se hablan…
solo nos queda buscar el instante exacto
para convertirnos en diptongo con esa mirada otra de dolor…
Puerta 12 conjuga el recuerdo en todos los tiempos verbales
una realidad que nos dejó trunca la frase...
se despedazaron personas
como meras haches mudas...
y todavía se machucan adjetivos,
en la ecuación de un punto y aparte...
los sustantivos? quedaron inertes,
se pegotearon más aún los “porqueses”
en ese jaque mate al corazón...
71 muerte… duelo nacional pero ninguna sanción… !!!
y en ese confín de preguntas sin respuestas, casi sin querer me enredé
en ese soneto de Baldomero Fernandez Moreno… "70 balcones y ninguna flor"
me enredé hasta traerlo…
y a abreviar de un modo otro mi reflexión…
Setenta y un muerto hubo en esa cancha
Setenta y uno muerto y nadie en prisión
A los argentinos señor, que les pasa?
Odian la justicia, odian el honor?
La causa cerrada e impune agobia
Dan una tristeza, los corruptos jueces
No hubo en esa causa problemas de coima?
No hubo un magistrado que ame las leyes?
Ninguno desea ver en tribunales
Una diminuta muestra de honestidad?
En la causa encontrar a los culpables,
En las leyes las sanciones a tomar?
Si no aman la verdad, no entenderán "lo grave"
No sabrán, de música, de rimas, de amor
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave…
¡Setenta y un muerto y nadie en prisión!… 
( LEAN ESTO ACA ESTA TODO MUY BIEN EXPLICADO DE LO QUE PASO EN VERDAD )
La –hasta ahora– mayor tragedia del fútbol argentino, que en el sitio oficial que la AFA tiene en Internet merece sólo el repelente calificativo de escándalo, tiene una más que singular historia y una tétrica instauración en el imaginario colectivo argentino como agorero anuncio del final tan temido de cómo puede llegar a ser la hecatombe postrera a nivel nacional. Tampoco se puede dejar de lado que si se insiste con la vigencia de lo lúdico en la formación de cultura se anticipó casi una década a la que se venía.
El martes 25 de junio de 1968 se iba a llevar a cabo, por fin, la inspección oficial de la Municipalidad pedida el 5 de junio de 1944 por lo ocurrido un día antes, en la puerta de al lado que da las plateas altas, al finalizar un polémico y áspero River-San Lorenzo que ganaron los locales con la ayuda de un más que dudoso arbitraje. La paquetería visitante que había comprado entradas en el sector, al terminar el encuentro, no sólo le hizo saber al árbitro lo que injuriosamente pensaba de todo su linaje, sino también intentar alcanzarlo y abollarle cualquier parte de la humanidad con algún objeto contundente. La Policía Federal presente, lejos de la parafernalia de los Operativos Especiales actuales, con botones rasos
armados de machetes de quebracho ado, recibieron orden de aplacar los ánimos de manera contundente y entraron a deslomar y llenar de chichones a los díscolos, arriándolos hacia la salida en estampida, hubo un resbalón, se produjo el Efecto Dominó o Cascada y el resultado de 9 muertos y varias decenas de heridas de toda consideración. Con El Gráfico de los Vigil a la cabeza, como siempre, y algún plumífero de renombre, se lloraron amargas lágrimas de cocodrilo sobre
cómo se ensaña la fatalidad con los pobrecitos que habían comido la pasta dominguera con la vieja e ido a la cancha a ver el club de sus amores para encontrarse sin querer con La Parca, siempre injusta, bochornosa e incompresible. De la feroz e inútil represión, ni una letra. Sí, claro, que había que llevar las cosas hasta las últimas consecuencias como se proclama constantemente desde esas tribunas insobornables del pensamiento libre y la valiente prédica y denuncia
de los fiscales ad hoc de la Opinión Pública acerca de los errores estructurales del Monumental que había hecho levantar Antonio Vespucio Liberti con dinerillos estatales, tres lustros antes, tales como escaleras demasiado empinadas, codos demasiado cerrados y falta total de iluminación.
Casi un cuarto de siglo después la pachorrienta intervención oficial no pudo llevarse a cabo y quedará interruptus por los siglos de los siglos, engrosando una penosa antología: todavía estaban contando los cadáveres de la puerta de al lado, la 12, que comunicaba a la bandeja alta, destinada desde siempre a la popular visitante, con la avenida Figueroa Alcorta, y donde casualmente con el civilista Guillermo Antonio Borda, ex FORJA, en el Ministerio del Interior, "como en una
partida de bolos" (sic), merced a lo empinado de las escaleras, lo cerrado de los codos y la falta total de iluminación, más la fatalidad que siempre se ensaña con un país predestinado a la grandeza como la Argentina, había dejado como consecuencia un total de 71 muertos, todos varones e hinchas de Boca, promedio de edad 19 años [15] y dos centenares de heridos de toda consideración. El Gráfico, siempre vigilante, oficialista hasta la muerte y sobre todo con la muerte
producida institucionalmente, al día siguiente apenas le dedicó una formal oblea de luto en la tapa y a la semana siguiente, chau, fuiste, the show must beguin.
15. El 86% de las víctimas fatales tenía entre 13 y 20 años. La nómina oficial registra uno solo de 35, dos de 32 y uno de 31. Sin ser para nada una ciencia dura, acá las estadísticas porfían en mostrar una clara exhibición de la vigencia a pleno de la Ley del Más Fuerte. Por su parte, con su arrogancia de mundo aparte, desde el primer momento La Nación mantuvo a 72 como la cifra definitiva sin dignarse a dar jamás la nómina completa, menos la identidad de la misteriosa víctima
fatal de uso oficial y exclusivo.
El hecho remeció fuerte a toda la ciudad. El tiempo va a demostrar cómo sabiamente los mecanismos de negación operaron para mandarlo a archivo y tenerlo guardado para mejor oportunidad, justamente cuando el país empiece a pagar las facturas de la ordalía menemista y en poco menos de dos años vuelva a batir el récord de cinco presidentes sin
necesidad alguna de golpes de Estado a la antigua, al borde de la desintegración. Para colmo, la también premonitoria desdicha de la estatura de los dirigentes, personificados en el escribano William Kent, que ese mismo año blanqueará por primera vez a su barra brava y la función que venía cumpliendo, luego de conquistar con méritos propios en Santiago de Chile el mote de gallinas que no los abandonará, que será suegro del Ramoncito Saadi y embajador del menemismo en los Países Bajos, status que perderá bajo la consabida confusión momentánea de diferencias ostensibles en la caja chica,
recorrió los hospitales, cama por cama, ofreciendo el canje del pago de todos los gastos de la recuperación a cambio de la firma de un compromiso de no iniciar reclamos legales, sólo preocupado en que las demandas masivas no terminaran poniéndole bandera de remate al estadio/emblema de la Argentina futbolera, y por el otro el sanguíneo y verborrágico Alberto Jacinto Armando, (a) El Puma, que había comenzado sus incursiones deportivas como sponsor de uno de los
hermanos Gálvez y constituido una escudería propia en el artesanal turismo de carretera que hizo historia a mediados de los '50, ya dueño feudal de Boca y el primero en adquirir, diez años antes, dos jugadores para su peculio personal como si se tratara de canarios flautas o caniches, desde el primer peronismo y gracias a él abastecedor oficial de móviles de la Policía Federal, aprovechando las medias lenguas de la boca tapada y la total garantía de impunidad por parte del gobierno autobautizado Revolución Argentina, con todos los cursillistas a la cabeza, avivando peligrosamente la vieja tirria y acusando en forma velada de lo que se empezaba a decir y no se terminaba de insinuar, como era que las puertas rebatibles habían sido cerradas y los molinetes vueltos a poner en su sitio, causa física principal para que se formara el siniestro cubo de cadáveres de 8 metros de ancho, unos 12 de fondo y 1,40 de altura que figura en la causa judicial.
Salvo el de un joven de clase alta, habitante de la barranca de Juncal que da a Retiro, flanqueada por macizos, austeros de aspectos pero muy amplios y lujosos edificios del mejor estilo parisino, y al que ni siquiera se lo hizo pasar por los sinsabores populares de la rigurosa autopsia, a los 70 restantes se los veló en la Bombonera, recibieron honras fúnebres de guerreros caídos en combate y con el párroco de la Virgen de los Inmigrantes y la imagen de ésta a la cabeza, una
peregrinación nocturna con antorchas alcanzó ribetes tétricos, fantasmagóricos. Con una AFA siempre tan sensible y ajena a los hechos como un banderín del córner, el estremecimiento general tomó forma de colecta en cada una de las canchas, donde grandes cajas de cartón se transformaron en improvisadas alcancías rigurosamente custodiadas porlas hinchadas y que fajadas de igual modo fueron a dar a la vieja casa de la calle Viamonte al 1300 para por lo menos dar algún paliativo a los que habían perdido a los seres queridos, prescindiendo totalmente de las inquinas del belicismo futbolero. A la hora del formal reclamo de la cuota parte correspondiente, los deudos se encontraron con la misma propuesta que cama por cama, hospital por hospital, había sido la prédica del escribano Kent: damos la plata siempre y cuando firmen de conformidad un documento por el cual se desiste de cualquier acción judicial contra el Club Atlético River Plate y su entidad madre, la Asociación del Fútbol Argentino. Antes de transcurridas las primeras 48 horas de lo sucedido, con los
no todavía gallinas a la cabeza, en voz muy baja y tono cómplice para evitar las reprimendas por la irrespetuosidad y lo tenebroso del animus jocandi en ciertas ocasiones, como los boquenses tampoco todavía eran bosteros, pero que ya hacía rato se ufanaban de ser la mitad más uno del país, se pasó de oreja a oreja: "¿Sabés cómo le dicen a Boca desde el domingo? La mitad menos setenta..." Las víctimas acaban de ser rematadas en un país donde se va a volver norma común
ajusticiar en forma sumaria dos veces.
Los muertos se enfriaron, fueron enterrados y se descompusieron sin que nunca oficial ni extraoficialmente al menos se intentara explicar realmente lo sucedido, sobre todo al manto de silencio en torno las dichosas puertas rebatibles entrecerradas y los molinetes que no tendrían que haber estado allí y jamás se dijo en voz alta si nunca los habían sacado o el motivo por el cual habían vuelto a ser colocados. También si las escaleras seguían siendo tan empinadas, los codos tan cerrados y la luz tan inexistente como en 1944, para colmo con la coincidencia de muy grises y oscuros atardeceres invernales en esas dos jornadas.
El entrecerrado de las puertas rebatibles y la presencia de los molinetes, sin embargo, aunque lejos de los que desde mayo de 1810 pretenden saber de qué se trata, quedó constatado en la causa. En medio de confusas y poco convincentes autoacusaciones, a cambio del sobreseimiento correspondiente, una decena de empleados del club cargó con la autoría de semejantes disparates sin dar motivos para semejante irresponsabilidad e inconciencia, por lo menos, cuando lo normal, más en partidos de este tipo, es que esos elementos sean retirados a poco de comenzar el segundo tiempo, lo que efectivamente había ocurrido. Al final, bajo el amplio manto de la bendita negligencia irresponsable, carente de animosidad alguna, todo quedó en agua de borrajas y de esa manera se licuó la responsabilidad policial en el origen de la medida y en la represión que dio lugar al tapón humano, espontáneo, consecuencia de las puertas entrecerradas y molinetes, y que dio lugar al otro eslabón que culminaría con el papel de émbolo, como el que cumplió un destacamento de la barra brava boquense, bajando en tropel y a los gritos, lo que tapó la desesperación y ayes de los que comenzaban a morir. En las tragedias, efectivamente, el desencadenamiento y atroz concatenación de las causales es absolutamente casual; no así la existencia anterior, tolerada y permitida, tanto como la persistencia de ellas.
Durante todo el partido, entre ese sector de la barra brava y el personal policial adjudicado al sector en la segunda bandeja y en la de abajo, que todavía era tribuna popular y alojaba a la brava local, había habido goma. Salivazos y recipientes de cartón encerado en el que se vendía jugo de naranjas Pindapoy, llenos de orín, habían llovido durante dos horas, sin contar los rimados cánticos del caso. Nunca se sabrá con exactitud quién y en qué momento decidió que a la
salida era imprescindible hacer tronar el escarmiento correspondiente, como lo indica la porfía de los hechos, al ordenar entrecerrar las puertas rebatibles y poner de vuelta los molinetes, cosa que el chorro humano que buscara la salida se decantara, desflecándose, y permitiera la peinada, como se le llama en la jerga: cazarlos de los pelos, ablandarles la parrilla torácica con los palos ahora de caucho y a los que se hicieran demasiados los loquitos, meterlos en los celulares
cercanos, retorcidos los brazos en la espalda y el postre en el patio de las entonces seccionales, meta lampazo y detergente...
Pero científicamente cierto o mero dicho popular, en estos casos el diablo siempre mete la cola. Es imposible programar de antemano una tragedia semejante. Lo que ocurre es que el orden natural reinante está esperando la chispa ocasional para incendiar la pradera. Los réprobos a ser otra vez apaleados, como en 1944, recién habían empezado el descenso por escaleras tan inclinadas y codos tan cerrados como pésima iluminación, a tal punto que los militares ordenarán
hacerle caracoles exteriores al Monumental antes que llegara la correspondiente inspección de la FIFA para el Mundial 78, cuando entre hinchas comunes que venían saliendo y un batallón de la Montada se produjo una escaramuza de la que por partidos hay decenas, los de a caballo amenazaron una carga masiva sable en mano, los de la primera
línea entran en pánico y reculan, los que quieren salir se ven trancados por puertas y molinetes, se produce espontáneamente el tranque y lo demás fue solamente horror.
Al ver lo que ya comenzaba a ocurrir, a galope tendido, casi a dos verijas, los del escuadrón salieron de estampida y el drama alcanzó tan volumen que hasta algún cronista gráfico alcanzó a registrar a policías comunes, de a pie, parados arriba de los molinetes, tratando desesperadamente de abrir aunque sea un poco las puertas rebatibles ya hinchadas por la masa humana que estaba muriendo. Los cadáveres fueron piadosamente alineados en la pista de atletismo, cubiertos por diarios, ya noche, con las luces del Monumental a pleno. La futbolización de la tragedia, que tuvo de punta de lanza a un Armando convertido en un energúmeno, se encargó del resto. En el partido revancha, jugado en la primavera, en la Bombonera, extrañamente las dos barras se pusieron de acuerdo en forma espontánea para improvisar un cantito donde culpaban sin dejar lugar a dudas a la Policía Federal de lo ocurrido [16]. Lo primero que hizo River fue cambiar la nomenclatura de las bocas de acceso y la Puerta 12, desde el partido siguiente, pasó a ser la K. Ni una placa recordatoria. Al año el país estaba remecido por otra eclosión, pero no en una cancha de fútbol: el primer Cordobazo dio por tierra, antes que nada, con un Borda que en sus pulcros comunicados oficiales creyó ver poco más o menos que tres o cuatros negros borrachos haciendo bochinche cuando la revuelta popular durante 48 horas no había llegado a la formal toma del poder por carecer de una conducción unificada y la retoma la habían hecho comandos aerotransportados, entrenados por oficiales franceses expertos en la guerra librada en Argel. La Argentina, aunque siempre con su peculiar estilo y destino, se había declarado formalmente en guerra.
16 Romero, Amílcar. Muerte en la cancha, Buenos Aires, Todo es Historia, octubre de 1984, y también Muerte en la cancha (1958-1985), Editorial Nueva América, Buenos Aires, junio de 1986, 238 págs., así como en Se cumplen veinte años de la tragedia de la Puerta 12, vespertino La Razón, pág. 6, junio 23 de 1988.
El tétrico cartel de comienzo de los '90, exhibido por Los Borrachos del Tablón, daba cuenta que en la Argentina se estaba perdiendo algo más que el buen gusto, los últimos recatos del pudor y el respeto por la vida del prójimo. Que lo que acaba de ocurrir en los años negros había tenido allí buena parte del caldo de cultivo, aparte de todas las ovaciones y adhesiones conseguidas durante la obtención del primer título mundial, que los que los muchachos, como los designa la jerigonza dirigente oficial reinante en los pasillos de la AFA, podrían haber aprendido de malo de los militares pulcramente entrenados durante años para el genocidio, más bien podría ser exactamente todo lo contrario [17]. Por fin, la instauración del concepto de Efecto Puerta 12, a cargo de economistas neoliberales a coro con algún ex coronel de la inteligencia guerrillera, en los comienzos mismos del 2002, cuando todavía el tembladeral estaba lejos de desaparecer y con la pesificación se pegaba el mayor zarpazo masivo, legalizado gracias a la obediencia debida judicial, desde un
programa presuntamente progre de tevé, aparte de dar cuenta hasta el hartazgo que en la Argentina lo que comienza deportivo no tarda en devenir político y que por una perversa inversión de la teoría del reflejo, desde fines de los '50 el Fútbol Espectáculo S.A. se convirtió en una rica avant première de lo porvenir, la significación otorgada a la pendiente amenaza de disolución social se la trata de vender como una muestra más de la llamada violencia horizontal, opuesta a la vertical que plantea la lucha de clases bajo la ortodoxia marxista. En suma, una consecuencia tan nefasta como letal del Pobres vs. Pobres a full. Sin embargo, la relectura de lo realmente ocurrido en la Puerta 12, que puede llegar a ser motivo de otro trabajo para esta misma colección, porfía en mostrar que el imaginario colectivo argentino no está equivocado en lo que se refiere a la estremecedora amenaza que mostró desde el momento mismo de su eclosión, en aquel grisáceo y tenebroso atardecer de 1968, pero que el intento de invisibilización en su momento y la adulteración después, ahora, jamás podrá contrabandear la ideología de la rigurosa escala de valores, responsabilidades y culpabilidades imperantes en ese tipo de hecho, exactamente el mismo que rigió el desbarranque, vaciamiento y evisceración de un país al que en algún momento, queriendo ser original, alguien motejó como el Granero del Mundo. 
Investigación y responsabilidad
La investigación penal finalizó sin que se hallaran culpables del siniestro. Algunos testimonios sostuvieron que los molinetes se encontraban colocados y que ello impidió la salida de la multitud. Otros afirmaron que la salida no fue posible porque la Policía Federal lo impidió (el país estaba en ese momento gobernado por una dictadura militar).[1] Inicialmente, dos directivos de River fueron procesados por ser sospechosos de negligencia, pero la Cámara de Apelaciones dejó el procesamiento sin efecto y la causa fue archivada.
Con respecto a la responsabilidad civil, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y los clubes, afrontaron la misma de manera colectiva, reuniendo un fondo de poco menos de cien mil dólares, que significaban apenas poco más de mil dólares por fallecido. A cambio de cobrar esa cifra se les exigió a los damnificados que renunciaran a cualquier reclamo judicial. Solo dos damnificados, Nélida Oneto de Gianolli y Diógenes Zúgaro, iniciaron juicio contra River; el falló condenó al club a raíz de su responsabilidad civil y le ordenó pagar alrededor de 50 dólares a cada uno. 
